En busca del ternasco perdido con el Audi A3 Sedan 2.0

  •   15/01/2016
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SIN Riders no deja de viajar. En esta ocasión, con la excusa de probar el nuevo Audi A3 Sedan, nos echamos a la carretera hasta llegar a la increíble provincia de Huesca con una misión: buscar el maridaje perfecto para una cerveza SIN bien fría acompañada por el mejor ternasco de la zona.

Viajar en esta berlina es una gozada, especialmente para familias de tres o cuatro miembros que le den un uso diario, o bien, para sus desplazamientos vacacionales. Este vehículo ofrece una perfecta solución a cada una de las necesidades del conductor en cada momento. La tecnología responsable de esta buena adaptación al medio se encuentra en la caja de cambios S-Tronic, que permite cinco modos de conducción. Desde un pilotaje deportivo en el que se requiere un poco más de potencia (modo dynamic), hasta una conducción relajada que genere el menor consumo posible de combustible (modo eficiency).

Además, existen distintas motorizaciones, y en este caso, los SIN Riders nos ponemos a los mandos del TDI 2.0, que ofrece una potencia de 150 cv. El modelo también cuenta con varios acabados: el que podéis ver en nuestro reportaje es el más alto de la categoría tanto en su exterior (S-line) como en su interior (Ambiticion). Por otro lado, merece la pena destacar su cuadro de mandos fácil de manejar y muy completo, así como su navegador, con una visualización cómoda y agradable.

Con esta máquina será casi imposible no encontrar lo que hemos venido a buscar: el mejor ternasco. Preguntando a los paisanos que nos encontramos por el camino, todos coinciden en un sitio un tanto especial: ¡Una frutería! Hay que encontrarla como sea para ver de qué se trata.

Así llegamos a Barbastro, la capital de la región de Somontano. En su casco histórico nos topamos con “La Frutería del Vero”, en los bajos de una centenaria casa de piedra con mucha historia que contar. Tras cruzar el vistoso escaparate, lleno de frutas y verduras de temporada, nos recibe con una sonrisa Ana Mur, hija del dueño del sorprendente enclave.

Ana nos cuenta que se trata de una empresa familiar que levantó su padre hace 50 años. Miremos donde miremos, todo está cuidado al detalle para poner en valor la calidad de los productos de la región, como el tomate, los quesos o las carnes. Lo que no imaginábamos es que al final de la frutería, bajando unas escaleras, daríamos con su secreto mejor guardado. Se trata de una increíble bodega apenas iluminada por la luz de las velas y la lumbre de la chimenea. Sin lugar a dudas, es el lugar perfecto para montar un pequeño restaurante en el que degustar los productos de la zona. Tomamos sitio junto al fuego y empezamos a probar algunos de sus increíbles quesos, para pasar a degustar los guisos de borrajas con almejas (como el que preparaba la abuela de la familia) y rematar, por fin, con un ternasco excepcional. Pudimos comprobar, tal y como sospechábamos, que marida perfectamente con la cerveza SIN. Misión cumplida con éxito… e inmejorable sabor de boca.

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